LA HISTORIETA: Mucha tela por cortar.
Desde el neolítico, tiempo en el que los primeros seres humanos cazaban animales hoy inexistentes como el mamut y el rinoceronte lanudo, la comunicación ya era una realidad. Los cazadores requerían de preparación mental y física para enfrentar a esos enormes animales y tenían que pensar en planes creativos y claros para continuar subsistiendo.
Para elaborar esas estrategias de caza se necesitaba haber vivido experiencias similares y mucha imaginación para prever todas las posibilidades. Con el fín de dar a entender todos los pasos y describir perfectamente los planes, los más expertos debían transmitir sus ideas no solo a través de palabras sino de imágenes, que contarían a los demás las características del plan.
En la arena como papel y usando una rama como lápiz, se podían comunicar rutas, lugares de encuentro, de ataque, mapas básicos, anatomía del animal a cazar, por donde llegarle, que parte atacar primero, y muchas cosas más. Ya con todo en la mente cada uno sabría qué hacer. Después de la cacería muchos quisieron inmortalizar los momentos de gloria plasmándolos en piedras y cavernas. Otros invirtieron el proceso pintando primero para augurar una buena caza.
Desde esas eras remotas el hombre tuvo claro que las imágenes son el modo más fiel de comunicar algo. Hoy el mismo lenguaje en la forma de la historieta, a pesar de ser considerado algunas veces una expresión cultural “solo para niños”, tiene aún más fuerza al poder difundirse de forma impresa y a través de la red.
En Japón el 40% del mercado editorial pertenece a la historieta (manga). En Latino-América la historieta no ha tomado aún las dimensiones industriales que tiene en ese país, en Estados Unidos o Europa, pero las puede llegar a proyectar cuando existan publicaciones con todo tipo de mensajes, para toda clase de personas y en casi todo lugar.
Iván D. Saboya.
Director Sautón. |